inducción al parto

¿Qué es una inducción del parto?

La inducción del parto es la provocación del trabajo de parto con el fin de finalizar la gestación.

Se trata de un procedimiento frecuente en las salas de parto del primer mundo. El principal motivo de inducción es lo que conocemos como gestación cronológicamente prolongada que se define como gestación más allá de las 41 semanas.

Sin embargo existen un sinfín de posibles diagnósticos que pueden provocar la necesidad de finalizar la gestación mediante una inducción como los bebés con retraso de crecimiento, la diabetes gestacional si no se controlan correctamente los niveles de azúcar o enfermedades maternas que podrían empeorar si se deja evolucionar el embarazo de forma espontánea como por ejemplo el lupus o la hipertensión.

El objetivo de la inducción es conseguir provocar contracciones y que arranque el trabajo de parto. Se consigue mediante la administración de diferentes medicamentos. En función de las condiciones del cuello de la matriz, es decir, en función de la dilatación de inicio se utilizarán unos u otros. Resumiendo podemos decir que si el cuello está muy inmaduro es decir, no hay dilatación (o lo que se suele decir como “estar verde”), se utilizan prostaglandinas, suelen ser medicamentos de administración vaginal o vía oral. Si las condiciones son favorables y nos encontramos con un poco de dilatación es habitual el uso de oxitocina. Ésta se administra de forma endovenosa y es lo que conocemos como “goteo”.

Normalmente una inducción consta de dos partes, la primera sería la maduración del cuello de la matriz mediante prostaglandinas como hemos explicado y la segunda, la estimulación mediante oxitocina para conseguir hacer descender la cabecita del bebé y que  el cuello de la matriz se dilate.

La duración de la inducción es muy variable. Podemos decir que oscila entre 12 y 48 horas.  Esta duración dependerá del tipo de inducción, de las condiciones de inicio y de cómo evolucione todo el proceso.

La inducción finaliza con el nacimiento del bebé mediante un parto vaginal. Pero hasta en un 50 % de los casos no se consigue que el bebé nazca vía vaginal y se realiza una cesárea. Los motivos pueden ser muchos pero básicamente son el fracaso de la inducción, es decir, que aunque utilicemos todos los medios de los que disponemos, no se consigue provocar el trabajo de parto. Por otro lado, otro motivo sería la pérdida del bienestar fetal. Es decir que se produzca la sospecha de que el bebé pueda sufrir o estar sufriendo.

Evidentemente durante todo el proceso de inducción se controla el bienestar tanto de la madre como del bebé.  Esto se consigue mediante la monitorización de constantes vitales. De esta manera podemos detectar rápidamente cualquier alteración que se produzca y actuar adecuadamente.

Durante la inducción del parto y si no hay contraindicación para la misma se administrará anestesia peridural si así lo desean la paciente y el médico, buscando siempre el máximo confort y comodidad durante un proceso que como ya hemos visto puede ser realmente largo y tedioso.

Finalmente sólo queremos recordaros que  será vuestro médico quién os indique la necesidad o no de inducción y que en esta situación prevalecerá siempre la opinión del mismo. No dudéis en preguntar y exponer vuestra opinión porque también será importante saber las expectativas de los pacientes  acerca de su parto.

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